Knossos: el Laberinto universal

Knossos: el Laberinto universal
Fresco con imagen de Laberinto (fragmento) ©Ministro Heleno Cultura y Deporte, Museo Heraklion
Lina María Aguirre Jaramillo / June 1, 2023
  • Podría decirse que la exposición Labyrinth comenzó a prepararse a finales del siglo XIX, cuando el arqueólogo y profesor inglés Arthur Evans se reunió por primera vez con el señor Minos Kalokairinos, académico griego y hombre de negocios. Hombres muy distintos con una pasión en común: un desaparecido palacio de la antigüedad en la isla de Creta. El tiempo, serias diferencias greco-británicas y una demanda judicial separaron definitivamente sus caminos pero sus respectivos trabajos redescubrieron Knossos para el mundo moderno que hoy, en el siglo XXI, vuelve a mirar al Laberinto del pasado desde las salas del museo Ashmolean de la Universidad de Oxford.

    Knossos es uno de los lugares más formidables del mundo antiguo. Los primeros asentamientos de tribus agricultoras datan 9000 años atrás. Con el tiempo, los pobladores cultivarían lentejas, cebada, trigo y domesticarían ovejas, cabras, cerdos y algunos otros animales. Los habitantes del periodo neolítico levantarían allí una colina artificial, mound en inglés, llamada Kephala, sobre la cual construirían un palacio que marcaría el sitio para siempre, a pesar de haber sido consumido por el fuego a finales de la Era de Bronce, hacia el año 1350 a.C. Pasarían 3250 años antes de que unas nuevas investigaciones arqueológicas, basadas en fragmentos hallados de estructuras arquitectónicas, cerámica, escultura y otros materiales, empezaran a desvelar el paisaje milenario del valle de Knossos.

    Restauración en acuarela, fresco Damas de Azul, Knossos ©Museo Ashmolean

    Sir Arthur Evans (1851-1941), era el profesor de Arqueología y ‘Keeper’ (Director) del Museo Ashmolean, cuando viajó a Creta, inicialmente para investigar sobre un lenguaje antiguo. Allí conoció a Kalokairinos (1843-1907), quien le mostró una construcción prehistórica que él había empezado a excavar en la isla. Había encontrado en 1878 las primeras evidencias concretas de la existencia del palacio de Knossos, pero las autoridades turcas le habían obligado a suspender tres semanas más tarde. No obstante, las noticias habían despertado enorme interés entre arqueólogos internacionales, incluyendo Evans, quien, equipado con buenos recursos para el proyecto y dispuesto a usar su propio dinero para financiarlo, compró una porción de tierra en el sector de Kephala, adquiriendo así derechos para sus excavaciones.

    Cuando Creta se independizó del Imperio Otomano en 1898 (para incorporarse posteriormente a Grecia, en 1913), otro académico local que había ayudado a Evans, Iosif Hatzidakis, fue nombrado Ephor, funcionario oficial a cargo de arqueología en el sector de Kephala. Pese al reconocimiento inicial por parte de Evans hacia Kalokairinos, las relaciones entre ambos se deterioraron hasta el punto de que este último interpuso una demanda en contra del inglés, alegando que había incursionado sin permiso en su tierra para excavar, pero el Tribunal local desestimó la causa, y el griego quedó marginado. Evans continuó las labores hasta su última temporada de trabajo allí, en 1931. Para entonces contaba también con la ayuda del sucesor de Hatzidakis, Stephanos Xanthoudides, nombrado nuevo director del  Museo Arqueológico de Heraklion, que actualmente es uno de los más importantes del país heleno, y de donde proviene una parte importante de los materiales de la exposición, incluyendo algunas piezas que no habían sido vistas antes fuera de Grecia.

    Anillo con imagen de salto de toro ©Museo Ashmolean

    La exposición comprende 200 objetos, más de la mitad en préstamo de colecciones en Grecia, y está organizada para presentar la historia de las excavaciones en Creta que condujeron al hallazgo de los vestigios del palacio de Minos en Knossos, entre 1900 y 1905.

    Evans y su equipo descubrieron el Palacio, cuyas huellas indicaban la intrincada estructura particular de pasadizos, recámaras, sótanos interconectados que permitieron identificarlo, crucialmente, como el mítico Laberinto. Su trabajo reveló la intensa vida del palacio en la Edad de Bronce que floreció aproximadamente entre el año 1900 y 1350 a.C. como un lugar de reunión, de ceremonias, de religión e industria, con una sobresaliente actividad textil hasta su destrucción. El libro-catálogo de la exposición, editado por el curador del periodo de la Era de Bronces y Griega Clásica del Ashmolean, profesor Andrew Shapland, incluye una serie de artículos que amplían en detalle el trayecto histórico, arqueológico y científico en Creta, así como las intervenciones posteriores al trabajo de Evans hasta el presente.

    Diversos ocupantes han dejado huella en Creta. Un aspecto para resaltar en la presencia cristiana y la musulmana, asociada esta última principalmente a la ocupación otomana que comenzó en el siglo XVII y que se prolongó hasta finales del siglo XIX, con periodos de mayor y menor autonomía bajo controles turcos y egipcios. Los enfrentamientos político-religiosos marcaron los primeros años del trabajo de Evans en la región, y cuando conformó su equipo de trabajo, se aseguró de tener miembros de ambas religiones en las cuadrillas. La exposición incluye dos piezas con imágenes de cruces cristianas, la más temprana en una vasija de cerámica de finales del siglo V, principios del VI.

    Réplica cabeza de toro, Knossos ©Museo Ashmolean

    Numerosas figuras de ganado caracterizan las imágenes encontradas en Knossos, siendo las de toros las más prominentes. Una de ellas, en la entrada norte, el impresionante fragmento en yeso pintado, de tamaño natural de la cabeza de un toro.

    La longeva presencia cretense, su existencia y leyendas se aprecia también en papiros antiguos, como el Oxyrhynchus, con el texto que parece ser una parodia educada de Dictys, habitante de Creta (200-250 d.C.) Se encuentran también bocetos hechos por Evans de las tabletas halladas, con escritos en Linear A, jeroglífico cretense que aún no ha sido descifrado, y otras en Linear B que quedaron marcadas fijamente por el calor de unos incendios y en las cuales se lee información sobre impuestos, tenencia de tierras, recolección de cosechas, actividades de perfumería y textiles. Un fascinante testimonio de la vida dentro y alrededor del palacio que también describe los controles para evitar que los pastores se quedaran con parte de la lana obtenida con las ovejas declaradas, un sistema conocido como ‘ta-ra-si-ja’. Un escriba muy prolífico llamado ‘Mano 217’ firma la mayoría de este tipo de documentos encontrados en Knossos, alrededor de 700. Se cree que él era un oficial a cargo de la producción administrada en el palacio.

    A partir de las excavaciones, diarios y libros de Evans, se han identificado diversas estancias del palacio, como el Salón del Trono, recintos para el procesamiento del aceite o la Sala de Aduanas en donde se revisaba la mercancía que entraba y salía del complejo. También se han encontrado salones para centinelas, elementos de defensa, calabozos para prisioneros. Una figura de hacha doble, llamada por Evans ‘Labrys’, término usado en el sudeste de Anatolia, se encontró replicada en distintos puntos del edificio, grabada sobre los muros y se le ha atribuido un uso ceremonial, posiblemente en honor a Zeus, también presente en figuras de deidades femeninas. Los tejidos en color elaborados para las diosas de serpientes y otras figuras, así como los vibrantes colores en amarillo y azul en las chaquetas de figuras en frescos, se asocian a la actividad textil, mencionada antes, en el palacio.

    Moneda griega con imagen del Laberinto ©Museo Ashmolean

    Estelas funerarias y monedas tienen una particular relación de significados en la exposición, más allá de la función del objeto en sí mismo. Una inscripción en una lápida (125-100 a.C.) consiste en un epigrama en honor a “Trasímaco, hijo de Leoncios”, joven y valiente jinete. Monedas de plata, entre las cuales las más antiguas encontradas hasta ahora datan de alrededor del año 425 a.C., tienen la figura del Laberinto en el reverso.

    Tanto la inscripción gráfica como textual son también muestras de la identidad de la ciudad, Knossos, que invoca su pasado y mitología. El poema conmemora al héroe muerto en batalla, comparable con Idomeneus, el patrón de la ciudad cuyas proezas aparecen en las épicas homéricas. Como escriben K. Sidiropoulos y E, Galli en el catálogo: “son expresiones discretas del mismo deseo: la ciudad-estado de Knossos reclama soberanía sobre Creta”. Pero, como se ha dicho antes, aquí los objetos encierran otros significados: la ciudad cultivaba así un sentido de conexión con sus glorias ancestrales de varias maneras, encargando piezas literarias, acuñando moneda que, a la luz del presente, le da un sentido aún más profundo a su posteridad.

    Uno de los aspectos más notables de la exposición es que, tras escudriñar con tanto detalle el interior del palacio, sus alturas, sus abismos, los enigmas enterrados bajo tierra acumulada durante milenios, el recorrido lleva hacia afuera, hacia el mar. Un “pulpo emboscado” que parece de pronto ser perturbado por el observador, criaturas con tentáculos en relieve, experimentos fascinantes en la representación de la vida dentro del océanos: Knossos se sumerge en el imaginario marino y azules palaciegos se funden con los del océano, replicados en pinturas, decoraciones y en varios objetos. Entre estos, una magnífica pieza tenida como la más ejemplar de la cerámica minoica en cualquier periodo. El elegante aguamanil Poros (1500-1450 a.C.), con una forma basada en un prototipo en metal y adornado con un soberbio relieve de motivos que incluyen también inspiraciones florales, geométricas y abstractas. Tréboles, conchas, algas, follaje, moluscos… “Argonautas nadando en medio de un modelo de red que forma una deslumbrante composición caligráfica”, describe bien la arqueóloga Nota Dimopoulou en el catálogo. Como en el mito, el camino de salida del Laberinto, de liberación tras enfrentar el Minotauro, conduce finalmente al mar.

    Aguamanil Poros ©Ministro Heleno de Cultura y Deporte, Dirección Antigüedades Museo Heraklion

    El Dédalo y el Minotauro

    El mito vinculado a Knossos se originó con la leyenda del rey Minos que encargó al mítico artesano Dédalo, padre de Ícaro, la construcción de un laberinto en el centro del cual sería condenado a vivir para siempre encerrado el Minotauro, la criatura mitad hombre y mitad animal, nacido por la infidelidad de la esposa del rey, Pasífae, a su vez hija de Helios, quien lo ha concebido al copular con un hermoso toro blanco enviado por Poseidón. En algunos registros, a ella la pintan cargando tiernamente al Minotauro infante, que sin embargo horroriza a Minos. Lo alimentaban con jóvenes enviados cada año por Atenas como tributo al rey de Creta, hasta que Teseo, hijo de Egeo, mata al monstruo con la ayuda de la princesa Ariadna, hija de Minos, quien le ha dado un hilo para que trace el camino de salida del Laberinto.

    Sir Evans y su equipo concluyeron correctamente que el mítico Laberinto correspondía al Palacio de Knossos y su intrincada arquitectura ‘laberíntica’ que ha sido estudiada desde entonces. No obstante, la presencia y simbología del Laberinto en la historia desborda los planos físicos de los mapas arqueológicos. El profesor Shapland, en su capítulo Looking for the Labyrinth del catálogo de la exposición, señala cómo “el símbolo que era usado para representar el Laberinto en las monedas de Knossos -circular o cuadrado- tiene solamente un camino que conduce invariablemente al centro”. Este diseño, conocido como el Laberinto Cretense, tiene típicamente siete bucles porque es una figura geométrica que se traza de una determinada manera, derivada de una cruz central. El centro es el lugar determinante, de leyenda, de secreto, misterio, de último destino.

    Fresco con imagen de Laberinto (fragmento) ©Ministro Heleno Cultura y Deporte, Museo Heraklion

    El primer símbolo cretense aparece en un inciso en el reverso de una tabla de Linear B en el Palacio de Pilos, o Palacio de Néstor, del periodo micénico en Grecia continental y data aproximadamente 1200 a.C. Estas tablas eran usadas para registrar transacciones comerciales y ofrendas religiosas, escritas en una forma temprana de griego. Unas pocas tienen dibujos con esta imagen.

    Entre el mundo antiguo y el presente abundan muy diversas representaciones de la figura de laberintos. En mosaicos imperiales de suelos romanos, en manuscritos medievales, en diseños de prados y caminos de piedra en distintos países de Europa del norte, para mencionar sólo unos ejemplos, se encuentran imágenes y referencias. Las formas dadas a los laberintos son diversas, algunos son monocurso y otras multicurso. En el medioevo tienden a aparecer en círculos concéntricos, con intersecciones. El primero que se tiene registrado data del siglo IX en un libro de Evangelios de Otfrid de Weissenburg. No obstante, una característica persistente es la conexiónes con Creta, algunos laberintos aparecen pintados con minotauros. En algunos mapas y textos, el laberinto es nombrado ‘domus dedali’, la Casa de Dédalo.

    La crónica universal escrita hacia el año 380 por el teólogo y confesor san Jerónimo, el Chronicon o Temporum liber (Libro de los Tiempos) incluye el relato de la derrota de Taurus a manos de Teseo. Relatos de la época romana, en latín, por Virgilio y Ovidio, que continuaron siendo copiados y leídos en la era Cristiana incluyen menciones al Laberinto. En su célebre manuscrito de comentario de la Eneida, Servius el Gramático (siglo IV) añadió detalles como los nombres de las víctimas del Minotauro. Así nunca se perdieron las historias que continuaron en el Medioevo y la primera Modernidad, siendo mencionadas posteriormente también en las obras de Dante, Chaucer y literatura posterior.

    Se encuentran versiones de diseños circulares divididos por una cruz, y el laberinto fue adaptado como un símbolo cristiano al cual se le han atribuido varios significados, algunas veces vinculados a la ciudad amurallada de Jericó. El diseño se ha transferido también a la nave central de algunas iglesias, principalmente en Francia e Italia. Uno de los más reconocidos es el que fue grabado en piedra en la catedral de Chartres, en el siglo XIII, una obra impresionante de 13 metros de diámetro y que se ha interpretado como un símbolo del viaje de la penitencia a la salvación, entre la entrada y el altar. Es posible entonces que, en términos cristianos, la figura del laberinto se haya usado como señal del único camino de redención.

    Minotauro Romano ©Ministro Heleno Cultura y Deporte, Museo Heraklion

    La investigadora y curadora griega, profesora Despina Ignatiadou, escribe en el catálogo sobre la compleja relación e imaginería entre Knoss-Laberinto-Minotauro. En primer lugar, el Minotauro tiene ascendencia divina, ligada a Pasípae, esposa del rey Minos, hija a su vez de Helios. Ella lo concibe luego de copular con un hermoso toro blanco enviado por Poseidón. Algunas escenas la pintan cargando tiernamente al Minotauro infante, que sin embargo horroriza a Minos, quien encarga a Dédalo, el mítico artesano, a diseñar un Laberinto en el cual encerrar al monstruo para que viva allí para siempre, encadenado.

    El Minotauro, como explica Ignatiadou, “representa muchas verdades extrañas pero también varias conquistas de civilización: violación de la naturaleza (Pasípae y el toro), sacrifico humano, canibalismo y subyugación”. Estos elementos se juxtaponen con heroísmo, divinidad y legitimación real (Helios, Poseidón, Egeo, Teseo), conocimiento e inventiva (Dédalo), astronomía, amor maternal, salvación (victoria y escape de Teseo) y, en suma, con “el triunfo de la humanidad sobre la naturaleza irracional (…) Razón y humanidad sobre violencia bestial”.

    El verdadero nombre del Minotauro era Asterion o Asterios, el estrellado, y en algunos documentos aparece con una túnica de estrellas, dada su ascendencia. “Usted no puede saber cuán temerosos están los dioses del dolor. No existe nada que les sea más ajeno, y por lo tanto nada que ellos sufran más profundamente por ver”, escribe Madeline Miller en su novela Circe (2018). En esta exposición de realidad, mitología, de historia e imaginación, un recorrido milenario entre el temor, el dolor, la condena, la salvación, la brutalidad y también la belleza, el refinamiento, la danza y la alegría, los secretos del fondo de la Tierra, y del fondo del mar en la Grecia antigua que hoy sigue sumando misterios y revelaciones. En Creta, la cuna de Zeus, por supuesto.

    Cabeza de Zeus ©Ministro Heleno Cultura y Deporte, Dirección Antigüedades Heraklion