El primer símbolo cretense aparece en un inciso en el reverso de una tabla de Linear B en el Palacio de Pilos, o Palacio de Néstor, del periodo micénico en Grecia continental y data aproximadamente 1200 a.C. Estas tablas eran usadas para registrar transacciones comerciales y ofrendas religiosas, escritas en una forma temprana de griego. Unas pocas tienen dibujos con esta imagen.
Entre el mundo antiguo y el presente abundan muy diversas representaciones de la figura de laberintos. En mosaicos imperiales de suelos romanos, en manuscritos medievales, en diseños de prados y caminos de piedra en distintos países de Europa del norte, para mencionar sólo unos ejemplos, se encuentran imágenes y referencias. Las formas dadas a los laberintos son diversas, algunos son monocurso y otras multicurso. En el medioevo tienden a aparecer en círculos concéntricos, con intersecciones. El primero que se tiene registrado data del siglo IX en un libro de Evangelios de Otfrid de Weissenburg. No obstante, una característica persistente es la conexiónes con Creta, algunos laberintos aparecen pintados con minotauros. En algunos mapas y textos, el laberinto es nombrado ‘domus dedali’, la Casa de Dédalo.
La crónica universal escrita hacia el año 380 por el teólogo y confesor san Jerónimo, el Chronicon o Temporum liber (Libro de los Tiempos) incluye el relato de la derrota de Taurus a manos de Teseo. Relatos de la época romana, en latín, por Virgilio y Ovidio, que continuaron siendo copiados y leídos en la era Cristiana incluyen menciones al Laberinto. En su célebre manuscrito de comentario de la Eneida, Servius el Gramático (siglo IV) añadió detalles como los nombres de las víctimas del Minotauro. Así nunca se perdieron las historias que continuaron en el Medioevo y la primera Modernidad, siendo mencionadas posteriormente también en las obras de Dante, Chaucer y literatura posterior.
Se encuentran versiones de diseños circulares divididos por una cruz, y el laberinto fue adaptado como un símbolo cristiano al cual se le han atribuido varios significados, algunas veces vinculados a la ciudad amurallada de Jericó. El diseño se ha transferido también a la nave central de algunas iglesias, principalmente en Francia e Italia. Uno de los más reconocidos es el que fue grabado en piedra en la catedral de Chartres, en el siglo XIII, una obra impresionante de 13 metros de diámetro y que se ha interpretado como un símbolo del viaje de la penitencia a la salvación, entre la entrada y el altar. Es posible entonces que, en términos cristianos, la figura del laberinto se haya usado como señal del único camino de redención.